Literatura, cine, teatro y educación emocional

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Literatura, cine, teatro y educación emocional

Literatura, cine, teatro y educación emocional

De todos es sabido la importancia de algunas disciplinas, como la filosofía, para el desarrollo sano de nuestra racionalidad. La filosofía nos enseña a argumentar de manera lógica, desarrolla nuestra capacidad crítica y nos abre a nuevas formas de concebir el mundo. En definitiva, nos anima a descubrir nuestra mente en relación al mundo y la realidad que nos rodea, para darnos cuenta de que nuestros modelos culturales nos sesgan. También nos ayuda a cuestionarlos.

Pero un cerebro sano también ha de saber gestionar emociones, afectos y sentimientos. A ello nos ayudan la literatura, el cine y el teatro. ¿Cómo? El desarrollo de nuestra inteligencia emocional tiene relación siempre con el Otro. Afectos como la empatía y la solidaridad solo son posibles si tenemos acceso a ponernos en el lugar del otro y configurar una respuesta a su presencia. Solamente así podemos ponernos en su piel. El teatro, el cine y la literatura nos permiten acceder a infinidad de personajes y situaciones que jamás van a ser vivenciadas por nosotros mismos. La cercanía de esas experiencias y la cuidadosa transmisión de las mismas hacen que aprendamos que hay infinitas maneras de vivir y de comprender el mundo. Ello nos hace más comprensivos y empáticos con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Las artes escénicas son, en definitiva, vehículos educativos de primer orden. Además de aportarnos un conocimiento muy valioso acerca de otras formas de vivir y de pensar, tienen una función terapéutica, tanto para el que narra, como para el que se pone en su piel y permiten formar personalidades más seguras y fuertes, pues la identidad humana se forja en las respuestas que se le da al otro.

Como dice George Steiner:

‘’Quien haya leído La metamorfosis de Kafka y pueda mirarse impávido al espejo puede ser capaz, técnicamente, de leer la letra impresa, pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta”.

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