Derecho a la intimidad

Todas las mañanas, cuando me levanto, pongo a funcionar la lavadora. A veces la lleno con ropa sucia, otras veces simplemente la activo con cualquier función. Cuando me acuesto, si me acuerdo, la apago. Parece absurdo, pero esa es la finalidad de cualquier aparato, estar en funcionamiento sí o sí.Para eso se han inventado.

Como los teléfonos móviles, aparatos también, con una cámara de video incorporada la mayoría, cámara que ha de ser activada para lo que sea y en cualquier momento.

El Domingo 21 de Marzo ocurrió algo terrible en Alcoy .Lo conocemos todo con todo lujo de detalles gracias a la gente que por tener un móvil con cámara cree, como yo con mi lavadora, que debe enfucharla con cualquier motivo aunque no haya “ropa que lavar”. El objetivo esta vez eran personas sufriendo una de las mayores tragedias, quizás, que le puede suceder a alguien en la vida. Y yo tengo preguntas.

¿Alguien le preguntó a la mujer, una de las victimas, si quería ser expuesta en su momento más dramático y vulnerable y luego “compartida”? ¿Alguien le pidió permiso para captar su imagen , su dolor y el terror de esa inflexión tan grave de su vida? ¿Alguien optó por preguntar al muerto o, en su defecto, a su familia, si cedía su intimidad, nos la cedía, para ser comentada, adornada con detalles que él sólo sabe? ¿Alguien pensó que había niños que serán marcados por este terrible hecho, y que siempre tendrán la amenaza de esas imágenes y de esos comentarios sobre su memoria cuando tengan que hacer el esfuerzo ingente de integrarla en su vida para poder sanar?

Una persona que sabe mucho más que yo acerca de estas cosas me dijo que me equivoco. Que la mayor parte de la personas se dió cuenta de lo que estaba sucediendo, estaba horrorizada y con ganas de hacer algo .Que muchos hubieran interpuesto su propio cuerpo para proteger a las víctimas. Que otros, muchísimos, hubieran deseado ponerse enfrente del agresor y hablar con él para encontrar el hilo que lo trajera de vuelta a la cordura. Que la mayoría de la sociedad no objetiviza a los otros. Que mucha gente hubiera dado años de su vida por poder estar ahí si, con su presencia ,se hubiera podido cambiar el curso de los hechos.

Y yo la creo, a esta persona. Nos queda el consuelo de saber que la mujer y sus hijos serán cuidados y protegidos , ahora por profesionales de la salud y de la mente, luego, por nosotros, la sociedad, que vamos a proteger su imagen, su intimidad y con ello les daremos la oportunidad de rehacer su memoria.

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